Yangel Herrera y Kenedy se felicitan por el primer gol del partido. Foto: Pepe Villoslada/GCF

El Nápoles vio su juego bloqueado por el planteamiento nazarí, que arroyó a los italianos en el primer combate

El Monte Vesubio es un volcán activo situado en la provincia de Nápoles. Todos lo conocerán por la destrucción de la ciudad de Pompeya allá por el año 79 d.C. Esta vez la historia fue bastante diferente con una erupción provocada por el Granada CF ayer en el Nuevo Los Cármenes.

Los rojiblancos saltaron al ruedo con las ideas claras. Y pasito a pasito, empezaron a vislumbrarse los resultados. Todo cambia además si puedes afrontar la cita con Max Gonalons, Yangel Herrera y Ángel Montoro, -con otro clínic del valenciano- en la medular. Estos tres fueron en gran parte, los culpables del éxito del Granada anoche sobre el verde, con permiso de Kenedy, claro está. Y es que el brasileño parece estar encontrando la regularidad que no pudo brindarle al Getafe de Bordalás. Gol y asistencia para un jugador que está brillando por méritos propios, con delicatessen futbolísticas que dejan a más de uno con la boca abierta.

Y el partido de la defensa… Qué manera de resistir. Neva, Domingos Duarte, Germán y Foulquier, a quien hay que felicitarle por cómo secó a la estrella visitante Lorenzo Insigne. El galo no le dejó respirar en ningún instante, siempre encima del italiano a quien dejó exhausto y desquiciado por no poder batir a Rui Silva, que no tuvo mucho trabajo más allá de algún susto puntual.

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La nota negativa, además del cambio de Gonalons por molestias, aunque parecía más cansancio físico, fue la lesión de Vallejo, que tuvo que retirarse a los veintiún minutos y que dio entrada a un Germán que tuvo que forzar.

Los pupilos de Diego Martínez revivieron la pesadilla del Vesubio para los Gli Azzurri. A pesar de que la vuelta será dura, el Granada golpea primero en la eliminatoria.