Robert Moreno durante su presentación. Foto: Pepe Villoslada / Granada CF.

Cuestionado por los resultados del Granada CF hasta la fecha, Robert Moreno se sigue viendo capacitado y convencido de poder sacar la situación actual adelante, pero una parte de los aficionados ya empiezan a cansarse de él.

Si se buscaba una continuación de un proyecto exitoso, quizás estas no eran las formas. No se debe cambiar lo que funciona. Es de lógica. Y, si por algún casual hay que variar, se debe buscar algo similar o igual a lo que ha llevado al éxito.

El futuro siempre fue esperanzador en la ‘era Diego Martínez’. No había chascos ni se palpaban fracasos, sino todo lo contrario. Había ilusión, creencia y sentimiento de identidad con unos jugadores que hicieron historia cuando nadie lo creía.

La espantosa noticia de la marcha de Diego Martínez dinamitó toda una fe que se convirtió en incertidumbre y perplejidad. De la gran lista de posibles sustitutos al final acabó viniendo Robert Moreno, con un curriculum sin mucha experiencia como primer entrenador pero con dotes de ser una persona integrada y con cualidades suficientes para cumplir con lo que se pedía: mantener al Granada en Primera División y continuar siendo ansiosos.

La pretemporada, pese a todo, reflejó partidos con sus caras y sus cruces, y en computo general no fue nada mal, sumando cuatro victorias, un empate y una derrota, aunque los rivales, en su mayoría, eran de categorías más bajas o con un nivel que no ponían en una gran exigencia a la entidad.

La verdadera realidad es la que se muestra ahora. Los espejismos de la pretemporada revelaron a un equipo con una diferente manera de jugar, con otra filosofía, con otros valores y con otra personalidad, y eso, en parte, se ha magnificado a un campeonato donde no se valora el jugar bien debido a que los resultados son finalmente los que dan el premio que tanto se ansía.

Robert proyectó algo que todavía no se ha visto. Habló en demasía y, de alguna manera, es lo que le está condenando a día de hoy. Como bien se dice, las comparaciones son odiosas, pero hasta cierto punto, porque si quieres mantener el éxito y la victoria, tienes un patrón en el que guiarte, pese a que finalmente acabes marcando tu propio estilo.

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La victoria no ha aparecido y se continúa con el «llegará pronto», pero el tiempo pasa y no se ve una excesiva mejora que se mantenga a lo largo de los partidos. Ya sea porque a los jugadores no les ha terminado de calar la idea, el mensaje no ha llegado correctamente o los futbolistas no se han sabido adaptar, pero donde no podemos pecar es en una inexistente falta de profesionalidad en el grupo y en el cuerpo técnico.

Es lógico que la gente se queje, pero tampoco deben pagar todos por pecadores. La dirección, salvo sorpresa, no va a despedir a Robert ahora, pero los registros que marcan el arranque del Granada CF en LaLiga no son nada esperanzadores, viéndose en descenso a Segunda después de cuatro años, con un registro de goles en contra que muestra la merma defensiva y con un pesimismo que invade la mayoría de calles de Granada. Alea iacta est.