El cuadro entrenado por Robert Moreno se anota los primeros tres puntos de la temporada en un duelo muy trabajado

En un día lluvioso volvió el fútbol de verdad, el de la afición local por completo compartiendo un trozo de su casa con un invitado idóneo para celebrar que, tras un año y medio de oscuridad, la luz de la fiesta del deporte rey volvía a las inmediaciones – y al interior – del Nuevo Los Cármenes.

No obstante, el feudo rojiblanco amenazaba con convertirse en un polvorín tras los malos resultados cosechados a lo largo de estos dos primeros meses de competición y las dudas que se cernían sobre el nuevo director de la orquesta, Robert Moreno. Precisamente este último quiso aprovechar para hacer cambios en el once en la que posiblemente fuera su última baza para mantener su trabajo.

Víctor Díaz y Abram emergieron como nueva pareja de guardianes y Rochina y Soro se comprometieron a surtir de magia a la pantera Luis Suárez en este nuevo desafío en la búsqueda del primer triunfo. Los primeros compases se desarrollaron con un dominio del encuentro por parte de los locales, que apenas concedían atrás y amenazaban con aparecer con peligro en el área sevillista. Pese a ello, las ocasiones no terminaban de asustar a los de Lopetegui. Tanto fue así que pasado el minuto veinte de partido, Diego Carlos volvió a pecar de un exceso de confianza que roza la soberbia con un despeje despreocupado y blandito que le cayó al francotirador Rochina. En ese instante, la imagen de muchos de los presentes en el estadio y de los televidentes fue la de un Nuevo Los Cármenes con los asientos rosas pardos, la iluminación oscura y el equipo jugándose la vida y empatando con el Getafe a a falta de quince minutos. Todo esto en una fecha en la que, como hoy, el cuadro nazarí se jugaba la vida.

Rochina quiso cambiar la anticuada imagen por una mejor y más nueva y golpeo con toda el alma pero con toda la clase también un balón que entró tras un paso en falso de Bono.

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Con la grada aún rugiendo tras el primer zarpazo de sus futbolistas, Diego arlos pudo arreglar su error con un remate a la salida de una falta frontal que se marchó por encima del travesaño de la portería que defendía Luis Maximiano.

El reloj seguía descontando minutos sin que pasaran más cosas además de un tremendo gol anulado por fuera de juego a Luis Suárez tras un pase de cucharita de Rochina que acabó la primera parte de manera pletórica.

Volver a los orígenes para sobrevivir

Tras la reanudación el técnico del Granada Robert Moreno, quien no había destacado por sus buenas direcciones de partido en este arranque de curso, propuso la inclusión de Antonio Puertas en el equipo en detrimento de Ángel Montoro con la misión de afianzar las bandas y ganar centímetros y brega para los últimos cuarenta y cinco minutos. El Sevilla quiso proponer más en ese segundo round y comenzó a acercarse sobre la meta de Maxi.

El primero en disfrutar de una clara oportunidad para perforar la meta nazarí fue Munir, que se topó con el nuevo muro portugués del combinado del Zaidín, que frustró más tarde también al Papu Gómez e incluso a Koundé en unos minutos en los que los pupilos de Julen Lopetegui asediaron a los de Robert Moreno. El ex-entrenador del Mónaco usó precisamente a uno de los antiguos soldados del técnico vasco, Escudero, para frenar el avance de Jesús Navas por la banda derecha del combinado de Nervión. Si bien es cierto que Moreno había acertado poco en sus planteamientos, hoy acertó con todos los relevos para mantener los tres puntos.

Los últimos minutos transcurrieron como en los viejos tiempos, con un Granada peleón e inteligente que logró sacar de quicio a su rival y conseguir la expulsión de Diego Carlos, que tuvo que ver desde los vestuarios cómo su equipo caía por primera vez en este curso liguero.