El conjunto de Robert Moreno no termina de levantar y suma un nuevo empate esta temporada

Este Granada no arranca del todo aún. El cuadro nazarí no pasó del empate en casa ante un Getafe que no mostró ningún tipo de fortaleza y que aún así ni siquiera sufrió para sacar un punto del feudo nazarí, que pudieron ser tres si Jorge Molina no hubiera anotado en la última jugada del partido.

Volvía el fútbol a Los Cármenes tras el largo parón de selecciones y una jornada en la que el equipo del Zaidín viajó hasta El Sadar para reanudar su andadura en la competición doméstica, donde sacó un empate en los últimos minutos con un golazo de Montoro. Aquel empate daba aire a un Granada que enfilaba un tramo crucial para conseguir el objetivo de la permanencia.

El primer escollo, el Getafe en casa. Los de Quique Sánchez-Flores aterrizaron en terreno rojiblanco con sólo dos puntos, un cambio de entrenador y pocas sensaciones buenas. Aún así, desde el principio del partido dejaron claro que iban a pelear con uñas y dientes los puntos al cuadro entrenado por Robert Moreno. El catalán, por su parte, introdujo varios cambios en el once que estuvieron cerca de dar sus frutos con dos buenas ocasiones en los primeros veinte minutos. Montoro primero y Milla más tarde incomodaron a los azulones. Sin embargo, fue el conjunto madrileño el que se adelantó con un gol de Enes Unal pasada la media hora tras una falta mal defendida por el Granada. Tras el varapalo, los nazaríes perdieron el rumbo y no fueron capaces de generar un mínimo de peligro sobre la meta de David Soria.

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A la salida de vestuarios, los pupilos de Robert Moreno intentaron darle la vuelta a la situación con un par de intentos de Luis Suárez que no acabaron en gol por poco. Aún así, no sería hasta el minuto 76 cuando el colegiado del partido indicaría un penalti protestado por el Getafe. Fue el colombiano también quien se atrevió con la pena máxima, que acabó en Sierra Nevada.

Lo siguió intentando el equipo rojiblanco que vio cómo se estrellaban en el palo dos golpeos de Sergio Escudero. La afición, desesperada, comenzó a pedir la dimisión de su técnico y justo cuando el partido llegaba a su fin apareció Jorge Molina para poner el empate con un testarazo en la última jugada que salvó un punto contra un equipo que, a pesar de no poner absolutamente nada sobre el tablero, apenas sufrió para sacar botín del feudo granadino.