Foto: Pepe Villoslada/GCF.

De las veinte mil veces que le he dicho a Álvaro López, padre fundador de este nuestro portal, que quería dejar el periodismo, aproximadamente veinte mil una me ha respondido lo mismo: «A ti lo que te pasa es que estás muy perdido con la crisis de los veinte». La primera vez que me lo dijo, hace ya dos años, pensé que era un poco gilipollas y que para no ser tan viejo hablaba como un abuelo; hoy que ya no me lo dice pero que siempre está encima para que saque algo, pienso que tenía razón.

Algo parecido le pasa a Robert Moreno, que llegó siendo nadie pero queriendo comerse el mundo…aunque el mundo casi se lo acaba comiendo a él. El exseleccionador ha tardado ocho semanas en aceptar que la voz de su afición y su vestuario no es la voz de un grupito de maduritos estirados que se piensan que lo saben todo, sino que le aconsejaban desde la experiencia de los grandes momentos y también de aquellos más difíciles.

Creo que no es un secreto que el técnico catalán no es precisamente mi ídolo, pero admito que en este sentido me veo reflejado en él. Puede ser porque ambos hemos renunciado a nuestra ridícula creencia para poder crecer a raíz de ahí. Robert esta noche ha sabido renunciar a ciertas filias para poder encontrarse a sí mismo, y ese 4-2-3-1 ha sido la piedra sobre la que poder empezar a remodelar la fortaleza rojiblanca. Por fin entendió que es muy bonito llevar la bolita de área a área en 100 toques dinámicos, pero que el potencial de combinar con calidad en su equipo se halla del círculo central hacia adelante. Como yo cuando comprendí que no todos los días voy a pegar un artículo de 1000 visitas y que las cosas no siempre van a salir como uno quiere. Lo que viene siendo una hostia de realidad a cinco dedos.

Supongo que Robert habrá sentido alivio de saber que para ganar no tiene que poner un 4-4-2 clásico con defensas con bigote y cara de desayunar tabaco de mascar ni un delantero de 2×2 que remate las lavadoras que le lance el típico extremo escuchimizado al que no le echas muchas cuentas y te la lía. Se tiene que sentir bien saber que puedes ser vertical a la vez que tienes a Milla, Montoro, Max, Rochina o Soro para hacer un fútbol de bella factura con el broche final.

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Por lo general encontrarse a uno mismo no es renunciar del todo a lo que piensas, sino admitir y reconocer ciertas cosas en las que te equivocabas, pero siempre teniendo claro que el límite es no vender tu comodidad. Creedme, ningún banquillo merece la pena tanto como para prostituir – que no adaptar – tus ideas. Por eso intuyo que Moreno esta noche, más que feliz por ganar, se sentirá aliviado de haberse encontrado a sí mismo en esta aventura en Granada; de haber aprendido la lección para el resto de su vida y que le sea útil en este periplo.

Sacrificar una línea en la elaboración es al míster lo que para mí escribir cuando se me canta: la solución para no tener que dejar de hacer algo que nos gusta porque al final lo importante es sentirte cómodo. Si no, como le dijo el rapero Bnet a su homólogo Gazir «(…)el día que me canse, que os follen y me largo».

Ojalá que este doble pivote con la brújula Montoro por delante le abra de verdad tanto los ojos a Robert como a mí, por supuesto, me los abrió Álvaro López, y ojalá la afición le demos (yo el primero) el cariño, el apoyo y la ayuda para crecer como a mí me la dio mi Rosita.