Foto: Pepe Villoslada/GCF.

«(…)En la sociedad de las ‘padreadas’, los ‘jódeme más’ y el ‘carisma’ Puertas es el último de la fila. Posiblemente sea el tío con menos carisma de la historia de la Humanidad. No llama la atención de absolutamente nadie, es acojonante lo suyo, eh. Pero cuando la cosa se pone fea, el que te levanta del asiento es siempre el mismo»

¿Sabéis esas historias de película en las que siempre hay alguien a quien toman por el tonto del grupo? Sí, coño, el típico rarito que no habla mucho y que cada vez que va a decir algo le corta alguien humillándolo. El que luego cuando se soluciona la trama es el que los salva a todos y te quedas mirando a la tele, incrédulo, mientras piensas «hijo puta el friki este, y parecía tonto». Pues ese tío es Antonio Puertas.

Ya, lo sé, dicho así es una faltada gordísima, pero pensadlo bien. ¿Cuántos de nosotros responderíamos nombrando al número diez si nos preguntaran que cuál es el jugador más determinante del equipo? Es más, me atrevería a decir que ni un veinte por ciento de la afición lo incluiría en un top tres. Para nosotros Puertas es un símbolo por acompañar al club en un viaje largo y tortuoso, pero a la hora de la verdad muchos sienten – lo siento, aquí no me incluyo – cierta desilusión cuando el que figura en la lista de titulares como extremo es el de Benahadux.

Lo entiendo, porque en la sociedad de las ‘padreadas’, los ‘jódeme más’ y el ‘carisma’ Puertas es el último de la fila. Posiblemente sea el tío con menos carisma de la historia de la Humanidad. No llama la atención de absolutamente nadie, es acojonante lo suyo, eh. Pero cuando la cosa se pone fea, el que te levanta del asiento es siempre el mismo.

A Antonio lo miramos un poco como si fuera el friki porque en cierto modo lo es, él tiene sus mundos y hay partidos que según avanzan te planteas qué cojones hace cada vez más. Y las primeras veces te mosqueas, lo digo por experiencia propia y desde la sinceridad de alguien que, ya que pasa por aquí una vez al año, no se calla ni una. Lo de Puertas es como el mito de la caverna de Platón. Cuando eres un ignorante, te pasas los partidos pidiéndole a Dios un traspaso a cambio de un café y cuando marca sueltas un «ya era hora». Con el paso del tiempo y el aprendizaje pasas al «joder, Puertas en un buen día…»; y al final, cuando ves la luz, valoras el trabajo y la claridad que aporta, y hasta en el peor de sus días sabes que en cualquier momento los cables se le conectan y te soluciona el partido.

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Y es que el almeriense ha sido, objetivamente y con los datos en la mano, el más determinante en todas las fases claves por las que pasó el Granada de Diego. Máximo goleador de los dos inicios de Liga, la racha de tres partidos con gol tras ganarle al Málaga, y fue actor secundario en el apoteósico final de temporada 19/20 que supuso la clasificación a Europa League. Todos nos acordamos de Carlos Fernández, pero Puertas anotó a Athletic y Real Sociedad, dos partidos que, a priori, no se esperaban como victorias, sobre todo el de Anoeta. Creo que no hay ni un partido de todos los que nos han hecho soñar en el que Puertas no haya sido titular. Pues aún no lo tenemos en cuenta. Todas las semanas se llena el Twitter de gente que afirma que el bueno de Antonio es su progenitor, pero no hay ninguno que apostaría por él como MVP de la jornada siguiente.

Lo bueno, es que, como en las películas, por muchos capones que le peguemos al friki cuando va a hablar y por muy poco que le tengamos en cuenta, él sigue sacándonos las castañas del fuego sin esperar nada a cambio. En fin, gracias una vez más, no ha estado mal para ser el rarito.