Lo Celso en una jugada contra Maximiano. Foto: Villarreal CF
Lo Celso en una jugada contra Maximiano. Foto: Villarreal CF

En esta jornada el Granada volvió a obtener una derrota, en esta ocasión por 1-4, la quinta consecutiva.

22 de diciembre. Esta es la fecha en la que el Granada, hace ya casi dos meses consiguió su última victoria, en casa ante el Atlético de Madrid. Aquel día, tras una racha de resultados positivos, en Los Cármenes se empezaba a mirar el descenso desde lejos, con cierta tranquilidad. Ya lo advirtió Robert Moreno, notó relajación en torno al club y avisó de que no ayudaría para nada afrontar los partidos de una manera distinta a la que existió en aquellos victoriosos partidos si se quería conseguir el objetivo. No se equivocaba el entrenador, y es que desde ese momento los nazarís no han vuelto a puntuar de a tres y, actualmente, la racha es de cinco derrotas consecutivas, dos de ellas ante rivales con aspiraciones similares.

Hoy, en el que ha sido el quinto partido seguido en el que el Granada se ha ido de vacío en liga, la dinámica no se ha visto tornada, más que en media hora de la segunda parte, a la cual el Villarreal ha salido despistado y en la que daba la sensación de que los amarillos estaban pensando más en el encuentro europeo del próximo martes que en los 45 minutos que les faltaban por disputar.

En cuanto al once y el planteamiento de Robert, este fue consecuente con sus palabras y no alineó a ninguno de los fichajes invernales, dando la responsabilidad de cambiar el ambiente negativo que se sentía en el estadio a la vieja guardia. Hubo cambios inesperados como la entrada de Víctor Díaz en defensa, en detrimento del canterano Torrente, y la vuelta de los tres tenores en el centro del campo, volviendo así Montoro al once inicial. Duró poco este planteamiento, y es que el Granada estaba realizando unos buenos primeros minutos, pero las lesiones volvieron a ser protagonistas en Los Cármenes, otra vez con Gonalons.

Moreno tenía una alternativa clara en el banquillo para sustituir al pivote francés como es el granadino Isma Ruíz, pero el preparador catalán optó por volver a su sistema de confianza, el 4-4-2, dando entrada a Uzuni en la banda izquierda. A partir de este momento, los visitantes se hicieron con el control del balón y el Granada desapareció por completo del campo, como si de un fantasma se tratase. Tal fue el paupérrimo rendimiento de los rojiblancos que, sin hacer el Villarreal un gran partido y demostrar demasiados argumentos, acabó la primera parte 0-2. El primero de los goles llegó apenas pasada la media hora tras otra relajación en defensa de los nazarís, en la que el submarino coló un centro al área local y Uzuni tuvo que agarrar a Trigueros para que este no rematase dentro del área pequeña.

El colegiado Gil Manzano señaló pena máxima, además de expulsar al albanés, aunque minutos después el VAR lo corrigiese y cambiase la tarjeta roja por una amarilla. Aun así el penalti se lanzó y Danjuma consiguió batir al jugador más regular del Granada esta campaña, Maximiano. El segundo tanto llegó tan solo cinco minutos después, en otra jugada en la que la defensa granadina se mostró torpe y dos de sus componentes chocaron, dejando al atacante del Villarreal solo ante el guardameta portugués, regalándole así su segundo tanto en el partido.

La segunda parte comenzó con la entrada de Torrente en defensa por Quini, presentando el equipo de Robert un esquema con tres centrales y carrileros. En esta ocasión el técnico acertó, ya que este nuevo dibujo brindó al Granada de muchas oportunidades para, al menos igualar el resultado. Se tenían las ocasiones, representadas en su mayoría por Uzuni y Suárez, pero aún faltaban el acierto y la puntería para perforar la portería de Asenjo, ausente hasta este momento del partido. Las oportunidades de conseguir el gol seguían llegando, contando la parcela ofensiva de los rojiblancos con varios mano a mano, pero los delanteros seguían imprecisos, erráticos, por más esfuerzo e intensidad que demostraban.

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Finalmente, se consiguió acortar la ventaja amarilla en el luminoso, aunque tuvo que ser desde los once metros, en un penalti provocado por Torrente cuando se llevaba disputada una hora de partido. El encargado de transformarlo fue Milla, colocando la bola en un sitio imposible para Asenjo. Los locales seguían con esta posibilidad real de igualar el encuentro, dando una buena imagen de fútbol y actitud. Sin embargo, el segundo gol de los del Zaidín no llegó y, a partir del minuto 80 en un nuevo penalti que dio el hat trick a Danjuma, el Granada se vino abajo al verse incapaz de sacar un resultado positivo de este encuentro. No acabó aquí el derroche de goles por parte del Villarreal ya que la cuenta se cerró 1-4 en la última jugada del partido, justo antes de dar el pitido final el colegiado extremeño, en esta ocasión el goleador fue Moi Gómez.

Por tanto, tras otra derrota, con goleada incluída, el ambiente que queda en Los Cármenes es muy negativo. Hay una plantilla capacitada para conseguir el objetivo, aunque en algunos momentos de los partidos se encuentran desconectados y muy superados, un entrenador que no consigue dar con la tecla que permita al equipo ganar, o al menos competir todos los partidos. Otro elemento fundamental en esta ecuación es la afición, que se encuentra mucho más distante que en la pasada época gloriosa del club, y que en el día de hoy expresó su enfado antes de empezar el partido y también a su conclusión.

De esta manera, tan poco agradable, llega el Granada al momento más importante de la temporada, jugándose la categoría en los próximos partidos ante rivales directos, y con los tres colistas puntuando en los últimos partidos. Debe cambiar muchas cosas el Granada para poder continuar el año que viene en la élite, si además tenemos en cuenta que la plantilla actual debería estar mirando más para arriba y no estar preocupada por los puestos rojos de la clasificación.