Jorge Molina celebra, ante el Rayo, su último gol con el Granada. Foto: Pepe Villoslada / GCF

Hoy, viernes 22 de abril, el delantero del Granada celebraba su cuarenta cumpleaños.

Hace cuatro décadas nacía en Alcoy, en la provincia de Alicante, Jorge Molina Vidal; un niño muy aficionado al fútbol. Sin embargo, como él mismo ha revelado alguna vez, gracias a la educación de sus padres, este deporte nunca fue su primera preocupación, ya que, como deben hacer los jóvenes, la educación es lo primero y el fútbol debe tomarse como un hobby. Tal era esta insistencia que, afortunadamente, su padre se equivocó al decirle que Molina viviría de los estudios y no del fútbol. Hizo caso Jorge y ahora cuenta en su haber con dos carreras universitarias: Magisterio e INEF (como bien representó el Granada en el vídeo de su renovación, sería maestro si no hubiese triunfado en el fútbol). También se ha formado como entrenador y director deportivo, es un futbolista diferente a lo habitual.

Un largo camino

La trayectoria de Jorge no ha sido tan sencilla cómo se podría esperar para un futbolista que sigue metiendo goles en Primera División. Su carrera futbolística comenzó en 2001, con 19 años, jugando en Tercera División en el equipo de su ciudad, el Alcoyano. Es cierto que era muy joven, pero aún se encontraba en la cuarta categoría del fútbol español. Para contextualizar este dato basta con mirar entre uno de sus compañeros, Matías Arezo, que a su misma edad el Granada pagó en enero cinco millones de euros por él. No es la única curiosidad que podemos ver en Arezo y es que, cuando Molina debutó con el Alcoyano, el uruguayo aún no había nacido. Tras Alcoyano, sus siguientes equipos fueron Benidorm y Gandía, en la misma categoría. No fue hasta 2005, con 23 años cuando debutó en Segunda B, con el Benidorm. Fueron dos temporadas después, y tras 34 tantos, cuando consiguió su siguiente promoción, en este caso a Segunda con el Polideportivo Ejido. Solo duró un año su estancia en esta competición, en la que tan solo perforó cinco veces las redes rivales; volvío a la tercera categoría.

No fue hasta 2009 cuando conseguría asentarse en el fútbol profesional, al fichar por el Elche. Fue aquí donde realizó su mejor campaña en cuanto a goles, nada más y nada menos que 26 tantos que le sirvieron para ser el pichichi de Segunda. Esta temporada justificó su fichaje por el Betis, un histórico que andaba en horas bajas, militaba en la misma categoría.

La élite

Fue con los verdiblancos con los que debutó en la máxima categoría del fútbol español, en su segunda campaña en Sevilla, en la 11/12. Curiosamente, su debut tuvo lugar en Los Cármenes, sustituyendo a otro jugador que fue rojiblanco, Álvaro Vadillo. En este momento Molina ya tenía 29 años, ya había pasado la que suele ser la mejor edad de un futbolista.

No es necesario observar su carrera al completo, con analizar su trayectoria hasta este momento, nos damos cuenta de que la paciencia, incluso de manera tardía, ha marcado su vida futbolística. Es el caso opuesto a estrellas actuales como Pedri o Vinicius, que con 18 ó 19 años son titulares en los mejores equipos del mundo; Jorge no llegó al fútbol profesional hasta los 25 años y a la élite hasta los 29. Esta paciencia sería el equivalente a esa templanza que muestra en los terrenos de juego, tan necesaria para poder entender los partidos de la manera en que él lo hace.

En Sevilla fue donde completó más temporadas, siete, a falta de ver cuántas realiza en Granada -aunque será casi imposible que continúe cinco años más en la Liga-. También consiguió su estreno en competición europea, a los 31 años. Fueron años muy irregulares, esa misma campaña descendieron a Segunda y a la siguiente volvieron a Primera. Cerró su etapa en el Betis con 77 goles en 213 partidos.

Su siguiente reto fue devolver al Getafe a Primera, de la mano de Bordalás, algo que consiguieron en la primera temporada, Molina volvía a Primera con treinta y cinco años -edad con la que muchos futbolistas ya están retirados-. No obstante, la ambición de Jorge no pararía ahí y es que, dos años después, volvió a disputar Europa League, en una participación espléndida de los azulones que derrotaron al Ajax y cayeron ante el Inter de Lukaku. Durante este partido viviría, probablemente, uno de sus peores momentos como futbolista, cuando iban un gol por debajo en la eliminatoria, y a falta de quince minutos, falló un penalti que pudo cambiar el rumbo del partido.

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Llegada al Granada


El Getafe no renovó su contrato, debido al deseo de Bordalás de rejuvenecer la delantera, y Diego Martínez vio en él el perfil perfecto que dotase de experiencia a una plantilla que disputaría por primera ver competición europea. Entre la afición, su fichaje se vio como un movimiento que no despertaba demasiadas ilusiones, de un delantero de 38 años que vendría para ayudar a los más jóvenes y crear buen ambiente en el vestuario. Nada tuvo que ver con la realidad, Molina estuvo acabó la temporada como el máximo goleador de los rojiblancos, con 15 goles, por delante de jugadores como Soldado, Machís o Suárez.

Mucho más que un goleador

Todos sabemos de su técnica y de su capacidad goleadora pero, sin embargo, la mejor cualidad de Jorge Molina es su calidad humana. Es más que un capitán, la representación que cualquier aficionado o presidente querría para su equipo, un tipo humilde, educado y trabajador como el que más. Es obvio que es un privilegiado genéticamente, pero sin su esfuerzo diario, no sería posible este rendimiento tan prolongado. Un chico que no protesta si no juega todo lo que le gustaría, sino que trabaja para revertir la situación. Una persona fundamental para un vestuario sano, que no tiene un mal gesto.

Sin ir más lejos, este pasado miércoles volvió a demostrar su función como capitán del Granada, al viajar a Madrid para estar con sus compañeros, sabiendo que no podría jugar. Todo este tipo de detalles hacen que Jorge deje huella en todos los equipos por los que pasa, que sea un capitán con o sin brazalete y que sea un ídolo para la afición. Ser el segundo jugador más longevo en la historia de la liga en conseguir un hat trick es, sin duda algo histórico y que aún puede mejorar si supera a Donato, pero este tipo de detalles son los que harán que sea recordado durante mucho tiempo en el fútbol español, no solo en el Betis, Getafe o Granada.

¿Por qué Jorge Molina -no- cumple 40 años?

La realidad es que Jorge Molina nació hace cuarenta años, es lo que dice su DNI. Pero eso no es más que un número, en el fútbol su situación real es muy distinta y es que un futbolista común de cuarenta años ya estaría retirado. Sin embargo, Jorge no es común, lo suyo es algo extraordinario, es como Benjamin Button, su carrera se entendería mejor viéndola al revés. Jorge Molina no cumple la edad que dice su documentación porque un delantero a los cuarenta años no es el máximo goleador de un equipo de Primera División, con los mismos goles en su cuenta que la estrella del Atlético de Madrid, Joao Félix (al que casi dobla en edad). Un delantero que cumple cuarenta años no debería ser uno de los mejores jugadores del Granada esta temporada, lo normal a su edad no es ser el que más corre durante los partidos.

Jorge no cumple cuarenta años porque su manera de jugar dice lo contrario, esa clase con la que controla y dirige el ataque rojiblanco, su empuje, sus cabezazos y su derroche físico son propios de un futbolista que tiene 25 años. Los futbolistas de su generación o incluso más jóvenes cumplen un papel de veterano, como complemento de la plantilla, pero el alicantino es fundamental para el Granada por su rendimiento, por sus goles. Lo normal sería estar pensando en la retirada, pero Molina acaba de renovar por una temporada más, hasta 2023, sin plantearse aún el colgar las botas. Por todo esto, Jorge Molina -no- cumple cuarenta años.